La revista educativa de la provincia de Alicante

“En los colegios la dislexia no se atiende como se debería”

In Entrevistas, Número 2, Psicología on 3 febrero, 2011 at 23:56

Entrevista a Manuela Torres, pedagoga de Fonos Salud

RAFAEL ORTÍN/ Elche- Manuela Torres (42) es licenciada en Pedagogía y  Logopedia y, además,  vocal de la junta del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad Valenciana. Durante 17 años siempre ha trabajado en el ámbito privado y su amplia formación le permite tratar un amplio abanico de trastornos relacionados con el aprendizaje, entre ellos, la dislexia en diferentes tramos de edad. Durante varios años ha desarrollado junto a otros especialistas y la Universidad de Alicante un programa para ayudar en la mejora del aprendizaje de la lectura y la escritura de los que padecen este trastorno.

¿Podría definirme la dislexia?

La dislexia es como se conoce popularmente, pero la definición precisa es trastorno específico del aprendizaje de la lectura y la escritura. Es una dificultad que tiene bases neurológicas pues hay zonas del cerebro, más concretamente de la red neuronal, que funcionan con mayor lentitud de lo habitual. Por ello No se puede confundir con una dificultad del aprendizaje por motivos pedagógicos ni tampoco con una deficiencia de tipo sensorial pues estas personas tienen las capacidades cognitivas intactas. La definición también nos dice que un disléxico lo es para toda la vida, lo que no quiere decir que no pueda mejorar o evolucionar favorablemente. Tanto es así, que hoy hay disléxicos que van a la universidad sin problemas aunque siempre requerirán una serie de adaptaciones curriculares y flexibilidad a la hora de evaluar ciertos aspectos de la escritura.

Entonces no tiene nada que ver con un problema visual como algunos defienden

No, en absoluto. Y esto hay que dejarlo muy claro.  La versión más aceptada en la comunidad científica es la que defiende que se trata más bien de una serie de obstáculos en la decodificación fonológica. Un disléxico confunde, por ejemplo, el sonido /p/ y /b/ por ser ambos sonidos muy similares o, dicho de otro modo, por ser fonemas cercanos. El niño es capaz de direrenciarlos visualmente sin problema y falla, sin embargo, a la hora de establecer la asociación de estos grafemas con la memoria fonológica. Yerra en lo que también denominamos procesos léxicos subyacentes o procesos inferiores de lectura. Por todo ello hay que despejar errores, falsos mitos y falsas terapias que suponen una estafa a los padres y además crean falsas expectativas. Un claro ejemplo de ello son las “gafas de colores” que podemos adquirir tanto en internet como en conocidos centros comerciales. Es una obligación de todos los profesionales como nosotros denunciar estos abusos.

¿Cuáles serían, según su criterio, los elementos importantes a considerar en un menor que pudiera ser disléxico?
Como hablamos de un problema lingüístico, lo principal es evaluar son la conciencia y la memoria fonológica, la rapidez para acceder al léxico, la velocidad de procesamiento de éste (asociación de grafemas con los fonemas) y la memoria de trabajo,  principalmente.

¿Considera que la atención que reciben los disléxicos en la escuela es la apropiada?

En los colegios no se atiende la dislexia como se debería. De hecho esta es una de las reivindicaciones que suelen hacer los padres desde entidades como la Asociación Valenciana para la Dislexia (AVADIS), aquí en la Comunidad Valenciana o desde la Federación Española de Dislexia (FEDIS). Uno primeros problemas con el que nos encontramos es que la dislexia no está contemplada como un trastorno a tratar de manera prioritaria. Por otro lado, la figura ideal para tratarla sería la del logopeda, especializado en problemas de lectura y escritura pero su diplomatura no está reconocida para trabajar en una escuela sin haber cursado antes magisterio. Los profesores que sí se encargan de estos alumnos, como son los pedagogos terapéuticos y los profesores de audición y lenguaje, reciben una formación muy superficial al respecto. En definitiva, los profesionales más cualificados para realizar esta labor no están habilitados para ejercer en los centros educativos.

¿Cree entonces que es complicado que los docentes sean capaces de detectar este problema en la escuela?

En el fondo se trata de querer ver. En la escuela suelen pasar por alto los signos predictores tempranos que pueden indicar que un menor es disléxico y si los hay, suelen minimizar el problema. Puede que el motivo sea la falta de medios o la saturación de las aulas pero eso no quita que no se deban tomar medidas al respecto. Por ejemplo, en la islas Canarias son pioneros en la aplicación de un protocolo de detección precoz de la dislexia. Evidentemente, no se puede diagnosticar un trastorno de este tipo en una niña o en un niño de 4 años pero algunos signos observables ya en preescolar pueden darnos una idea aproximada del riesgo de padecerlo. Aunque los mecanismos establecidos consideran que no se puede diagnosticar una dislexia hasta que no haya un desfase de dos años respecto al nivel de lectoescritura que correspondiese al menor estudiado, eso no quiere decir que no podamos “oler” que existe un problema.

Y en los casos en que estos casos son reconocidos supongo que se realizarán las adecuadas adaptaciones curriculares...

En la escuela todavía no se comprende la dislexia, aunque parezca mentira. Tengo que pasarme el día elaborando informes acerca de los menores para que los profesores acepten que existe un problema y no le suspendan una asignatura porque tiene faltas. Ellos parten con una desventaja importante por lo que su situación exige esta flexibilización curricular y no pueden ser evaluados como los demás. En mi opinión, cuesta aceptar la existencia de todos los trastornos que no son fácilmente visibles, con lo que se hace mucho daño a esas familias y a la educación de sus hijos. En realidad el asunto tienen fácil solución si se aplican unas pequeñas adaptaciones que en realidad no cuestan tanto. En muchas ocasiones a estos alumnos se les castiga o reprende injustamente porque no escriben bien, porque no hacen las cosas en limpio o creen que no se esfuerzan.

A modo de guía para nuestros lectores, ¿podría decirnos qué indicios pueden ayudar a unos padres a decidirse por consultar con un especialista?

-Si el niño no ha aprendido a hablar bien cuando ya se aproxima la edad de aprender a leer y escribir, cerca de los 6 años.

– Son niños a los que les cuesta hacerse entender porque aunque son muy habladores confunden muchas letras.

– Tienen problemas para repetir palabras largas que les son desconocidas ( las denominadas pseudopalabras creadas para poner a prueba su memoria fonológica: tapitarga, prosopoma, etc.)

– Les cuesta distinguir los pares mínimos como pala-bala, pino-fino, de modo que para ellos suenan igual.

– Les cuesta aprender los colores.

– Muchos de ellos, aunque no siempre, tienen problemas de atención y concentración.

– La memoria de trabajo verbal, hermana de la memoria fonológica, les falla.

– También les falla la memoria secuencial, es decir, les cuesta aprender series como los días de la semana, los meses del año o las estaciones.

– También les cuesta situarse temporalmente.

– Les cuesta asignar la palabra a su imagen lo que evidencia un lento acceso al léxico.

– Por último, otro indicio consiste en que cambian unas letras por otras cuando se trata de sonidos cercanos: “p” por “b”, “ñ” por “ll”…

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