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El mayor problema

In Contextualización, Educación Especial, Entrevistas, Psicología on 3 abril, 2011 at 22:57
Profesionales de Anilia

Profesionales de Anilia. De izquierda a derecha: María Segura, Sabrina Caro, Noemie Poux y María Jesús Inglés

ANDRÉS CABRERA/ Alicante- La Asociación Provincial de Personas con Inteligencia Límite de Alicante Anilia se fundó en 1992 para dar respuesta a las necesidades de de niños límite y ligeros, crear unas mejores expectativas de cara a su futuro y buscar su reinserción laboral como personas sin discapacidad.Esta Asociación, declarada de interés público, ofrece talleres formativos en los que se imparten cursos de formación en habilidades sociales, desarrollo personal, refuerzo escolar o informática; o talleres de inserción y formación laboral para personas con inteligencia límite. También cuentan con programas de garantía social orientados a los jóvenes que no hayan finalizado la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) ni posean un título de formación profesional, en el que los chicos y chicas reciben la formación adecuada para acceder al mercado laboral a través de prácticas.

El principal problema al que se enfrentan desde esta asociación es la falta de financiación. “Las subvenciones son insuficientes a causa de los recortes y en Anilia nos financiamos  con esas subvenciones, con mucho trabajo voluntario por parte de los trabajadores y con la financiación propia, muy escasa, de las cuotas de socio”, comenta María Jesús Inglés, psicopedagoga de Anilia.

Aparte de los problemas de gestión de la asociación, las profesionales de la asociación Anilia enumeran los principales problemas a los que deben enfrentarse las personas con inteligencia límite, el primero, la falta de información sobre este colectivo.

“Además de los programas y talleres que impartimos”, indica la psicopedagoga, “actualmente participamos en un estudio junto con la federación Enlinea sobre las necesidades de las personas con inteligencia límite y su calidad de vida”. “Lo que buscamos”, añade, “es que se tenga un reconocimiento oficial de este colectivo, dar a conocer los problemas, las carencias y las necesidades de las personas con inteligencia límite y proporcionar más información a los padres, docentes, psicólogos o psicopedagogos”.

María Jesús Inglés apunta que “existen algunas señales que pueden alertar a los padres de que su hijo puede tener inteligencia límite, como cierto retraso psicomotor, dificultades para empezar a hablar o problemas conductuales”. No obstante, la psicopedagoga subraya que “estos problemas de conducta en ocasiones vienen propiciados porque los niños, en muchas ocasiones, son crueles con aquellos que son diferentes”.

“Los niños con inteligencia límite suelen vivir el rechazo del resto de compañeros ya desde el colegio, desde primaria, y al llegar secundaria se dan incluso casos de maltrato”, concluye Maria Jesús Inglés.

María Segura, psicóloga de la asociación, indica que “cuando se dan estos casos los profesores protegen al niño de esas agresiones, por lo que la sobreprotección del niño es mayor todavía, ya que se da en casa y en el centro educativo. Como resultado nos encontramos son una nula socialización, un aislamiento total”.

Prosiguiendo con los principales problemas a los que se enfrentas las personas con inteligencia límite, Noemie Poux, trabajadora social en Anilia, destaca que “los caos más sangrantes son aquellos en los que a la persona se le reconoce una incapacidad de un 25 o un 28 por ciento. Estas personas se encuentran con que tienen que competir con la normalidad sin que se les reconozca ninguna dificultad para tener acceso a una ayuda. Esa falta de reconocimiento oficial es un verdadero lastre, ya que no se les reconocen las limitaciones a las que se enfrentan”.

La inseguridad, la baja autoestima, la depresión en algunos casos, o la falta de identificación con otros colectivos con discapacidades más severas son algunos de los problemas que las profesionales de Anilia identifican como más importantes dentro del colectivo de personas con inteligencia límite. Pero sobre todo, destaca María Segura, la frustración que conlleva el saber que algo no funciona y no saber por qué, es la peor de las situaciones. “Se actúa de esa manera, en algunas ocasiones, buscando no herirles, pero lo que más les hiere es no saber por qué no les quiere la gente, por qué son diferentes”, concluye la psicóloga.

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