La revista educativa de la provincia de Alicante

Educar para crecer

In Convivencia Escolar, Número 4, Política Educativa, Reportajes on 16 abril, 2011 at 16:35

En Aire Libre los alumnos pueden cursar desde infantil hasta 4º de la E.S.O. en un entorno confortable y educativamente enriquecedor

RAFAEL ORTÍN Y MAITE MAESTRE/ Alicante- Justo antes de la hora de comer, bajo un sol brillante que anuncia que por fin la primavera ha llegado, algunas niñas y niños juegan y charlan agrupados en pequeños grupos diseminados por las pistas deportivas. Remedios Zaragoza, la jefa de estudios del colegio concertado Aire Libre, llama a un grupo de media docena de alumnas para que contesten a algunas de nuestras preguntas. Acuden correteando a la llamada. Alegres y educadas nos cuentan que hoy, como cada viernes, participarán en una asamblea donde pueden debatir acerca de los problemas que puedan surgir entre los alumnos así como en la propia escuela, algo que no es muy frecuente en otros centros. “También podemos proponer distintas actividades con las que arreglar esos problemas”, comenta una de las menores, y prosigue, “el que opine toda la clase sobre cómo solucionar algo está muy bien”. La participación es una de las señas de identidad de la escuela Aire Libre, una cooperativa de padres alicantina cuyos miembros buscan un modelo educativo distinto del que pueden ofrecer los centros públicos o los privados de corte religioso.

 El centro está emplazado lejos del bullicio de la ciudad de Alicante, al término de la pequeña y tranquila localidad de Mutxamel junto al campo y frente a una pequeña finca sembrada de limoneros. Consta de tres bloques, dos para los cursos de primaria y secundaria y un tercero, separado por una verja, para los de infantil. Sus principios contemplan un modelo de educación eminentemente participativo, en el que todos, padres, profesores y alumnos mantienen estrechos vínculos. Las necesidades emocionales y educativas de los menores son prioritarias y su aprendizaje parte en gran medida de sus propias experiencias e inquietudes. “Desde el principio tuvimos muy claro que uno de los objetivos es alcanzar una eduación vinculada al entorno, partiendo de lo inmediato a lo mediato. Por desgracia, en muchos centros la educación sigue siendo en general algo enciclopédica y los temas que trata están muchas veces alejados de la realidad del alumnado”, nos comenta Javier Lillo Fenoll, profesor de castellano en la escuela desde hace veintiocho años.

 Remedios Zaragoza, Javier Fenoll y otros miembros del cuerpo docente de Aire Libre fueron pioneros en muchos aspectos que hoy se consideran cotidianos en un colegio. Crearon un consell escolar anticipándose a la futura exigencia de las leyes de educación, también se adelantaron en la normalización del valenciano, en la creación de talleres, asambleas así como en la constitución de comisiones para gestionar las distintas áreas del centro. Javier también destaca la especial preocupación desde la dirección por la psicología evolutiva. Marga Galisteo, la psicóloga terapéutica (PT) de Aire Libre, es la persona que más trabaja en este sentido aunque al resto del profesorado también se le forma al respecto. Para ella, con varios años de experiencia como psicóloga escolar en escuelas públicas la diferencia está clara: “Cuando era trabajadora del Servicio de Psicopedagogía de Escolares (SPE)  sólo podía ir a cada colegio un par de días al mes con lo que no podía conocer bien a cada alumno. En Aire Libre puedo trabajar integrada en el colegio. El papel del PT en los institutos de secundaria se asemeja más a lo que tenemos en el centro aunque el nivel de personalización sigue siendo muy bajo”, nos explica.

 Materiales “made in Aire Libre”

 Lo primero que llama la atención es que no se trata de un centro moderno que cuenta con lo último en tecnologías de la enseñanza. Sus docentes se esfuerzan por aprovechar los recursos al máximo, controlando celosamente el gasto. La apariencia del colegio es más bien humilde, y la estructura en forma de cruz distribuye las aulas a partir de una sala central que suele emplearse para exponer los trabajos tanto de los niños como de los padres que desean hacer su aportación. En el momento de nuestra visita, en el corazón de la escuela se representa la cultura árabe. De un lado a otro de la estancia, cuelgan tres grandes telas de vivos colores a través de las que la luz diurna adquiere distintas tonalidades. En el suelo se levantan pequeñas y toscas casetas de cartón y papel elaboradas por los propios padres que recrean arcos de inspiración mudéjar con textos cirílicos, dibujos y cuencos que contienen exóticas especias. Decorando las paredes de los pasillos se pueden contemplar numerosas realizaciones manuales de los alumnos como collages, figuras de cerámica, paneles repletos de fotos y recuerdos de otras promociones. Semejante producción no hace sino materializar una de las premisas del colegio: la implicación de todos en el proceso educativo. De hecho, más que en un colegio, la sensación es la de estar en un enorme hogar, en el que las abundantes producciones plásticas de unos y otros están presentes por todas partes.

Los materiales para educar con los que cuenta el colegio están, en su mayor parte, desarrollados por los propios docentes de acuerdo con sus criterios profesionales y las necesidades inmediatas de los alumnos. Por ello, es difícil que un alumno del centro cargue con grandes manuales como los que habitualmente se emplean en otros centros más convencionales. Una libreta y unos bolígrafos son suficientes para acudir a clase. Javier precisa que sólo se apoyan en los libros de texto cuando no queda más remedio, para evitar que el adquisición de conocimientos se convierta en una rutina monótona, limitada al seguimiento de un temario preestablecido y a la resolución de ejercicios. Para conseguir un aprendizaje más ligado a la realidad, desde la dirección del centro organizan multitud de actividades complementarias con los niños y niñas fuera de las clases como visitas a plantas de reciclaje, museos o salidas al campo siempre relacionadas con los temas que tratan en ese momento.

 Una gran familia

La sensación que tengo cuando voy a Aire Libre es la de estar en mi propia casa”, afirma Maite Martín-Aragón, y añade, “allí todos compartimos las mismas ideas acerca de la educación de nuestros hijos”. Y es que en los preceptos pedagógicos de Aire Libre la cercanía y la comunicación entre padres y profesores es esencial. De hecho, la implicación de estos es tan relevante que incluso su opinión es tenida muy presente a la hora de implementar cualquier cambio importante en el colegio. Para ello cuentan con un consell rector constituido por cinco padres elegidos democráticamente, un docente, un miembro de administración y la directora del centro, Marisa Palacios Ruzafa. El otro organismo importante que rige en Aire Libre es el consell escolar en el que participan profesores y alumnos.

De izquierda a derecha, Javier Fenoll, profesor de lengua, Marga Galisteo, la PT del centro y Remedios Zaragoza, jefa de estudios de Aire Libre

 Ese sentimiento de pertenencia a una gran familia obedece a la estabilidad en la plantilla que la dirección persigue para el personal docente. Gracias a esta “se puede conocer en profundidad a los alumnos desde que son muy pequeños”, afirma Javier. Y es que tantas horas juntos, tantos años, crea vínculos emocionales y profesionales muy fuertes que algunos ex alumnos como Joan Beneyto (23), hoy estudiante del último curso de ingeniería aeronáutica en Valencia, aún conservan como un entrañable recuerdo: “había tanta confianza que podría decir que algunos de mis profesores eran algo así como mis otros padres”.

 Y si la comunicación con los profesores es importante no lo es menos la existente entre los menores de diferentes edades. Paula Iñesta Fernández (15), la representante de los alumnos de secundaria en el consell escolar, lo sabe bien. Lleva seis años en el puesto y ahora está a punto de finalizar sus estudios en el centro. “Lo bueno de un colegio como Aire Libre es que si me preguntas por un alumno varios años menor que yo te puedo decir quién es. Aquí nos conocemos todos”.

 Otro hecho que posibilita esta manera de trabajar tan próxima es la existencia de un único curso por nivel desde infantil a cuarto de la E.S.O. En total, en el centro están inscritos unos doscientos cincuenta alumnos distribuidos en clases de unos veinticinco.

 Pero no siempre fue así. En sus inicios, a principios de los años setenta, el centro tan sólo contaba con dos profesoras y escasos medios. Su acta de creación (Principios Fundacionales de AIRE LIBRE (1970)) revela que fueron diez personas quienes, por iniciativa propia, y como reacción a un entorno educativo que consideraban deficitario y demasiado dirigido por el Estado y la Iglesia, decidieron tomar las riendas de la educación de sus hijos y anticiparse al progreso pedagógico en España. Fue a principio de los años ochenta, tras un cambio de ubicación y la transformación del centro de sociedad limitada a cooperativa, cuando la demanda de plazas en el centro aumentó tanto que la dirección se vió obligada a rechazar algunas solicitudes. “Fueron los mejores años de Aire Libre. Eran muchos los padres que deseaban escolarizar a sus hijos aquí así que tuvimos que concertar entrevistas para seleccionar a quién conceder plazas en la escuela. Poco a poco, fuimos añadiendo cursos hasta hoy, que contamos con cuarto de la E.S.O.”, apunta Remedios. Pero con la actual crisis económica, no son muchos los padres que pueden permitirse matricular a sus hijos en un centro concertado como este.

 El precio de una educación diferenciada

Como es lógico, esta opción educativa, por muy sugerente que pueda parecer, tiene el inconveniente del coste económico. Mantener a un niño en esta escuela tiene un precio de unos 230 euros mensuales incluyendo el comedor, lo que supone un desembolso de unos 2.000 euros por curso académico y eso sin contar los gastos extras en materiales y los derivados del desplazamiento para aquellas familias que residan lejos del centro. Muchos de los padres que se lo pueden permitir consideran que el sacrificio compensa. Maite Martín-Aragón, madre de dos menores del centro lo expresa del siguiente modo: “no me supone un esfuerzo porque considero necesario y muy bueno para mis hijos que reciban este tipo de educación”.

 Y después de Aire Libre, ¿qué?

Los datos que sobre el éxito personal y académico de los ex alumnos de la escuela nos aporta la dirección son alentadores aunque su interpretación es, evidentemente, limitada. En un estudio sobre anteriores promociones realizado por el propio centro descubrimos que más de un 60% de los alumnos cursaron estudios superiores o ya los han finalizado. En el resto de la Comunidad Valenciana la media de alumnos que alcanzan esos niveles de formación tras pasar por la secundaria pública apenas alcanza el 35%. La comparación de los datos puede parecer algo tendenciosa pero que duda cabe que las características de Aire Libre permiten un alto nivel de calidad y seguimiento del alumnado que redunda muy positivamente en su desarrollo.

 Sus responsables afirman que aunque existe cierta inquietud en los alumnos que abandonan el colegio para incorporarse a otros centros, esto no les preocupa en exceso pues aseguran que los jóvenes cuentan con importantes habilidades sociales y académicas como para adaptarse sin problemas a nuevas situaciones. “De hecho creo que es bueno que pasen por la educación pública como una etapa más, lejos de la confortable burbuja que supone este colegio”, afirma Remedios Zaragoza.

 En cualquier caso, más tarde o más temprano todos estos alumnos y alumnas tendrán que dejar atrás un entorno confortable, rodeados de entrañables amistades y profesores, con una mochila repleta de valiosas experiencias y aprendizajes que llevarán allá dónde vayan, para abrirse paso en la vida y afrontar el mayor de los retos: crecer. 


Entrevista con Amelia Rodríguez, maestra fundadora de Aire Libre.  Relata la situación de la educación a finales de la dictadura franquista y los primeros pasos de la escuela.

Entrevista con Juan Ortiz, fundador y padre de dos antiguas alumnas de la escuela. Relata las inquietudes de este grupo de padres y docentes para crear la escuela Aire Libre en los últimos años del franquismo.

Entrevista con Maite Martín-Aragón, madre de dos alumnos de Aire Libre. Nos muestra su visión de la escuela actual.

Centros escolares laicos de la provincia de Alicante.

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