La revista educativa de la provincia de Alicante

“La escuela debería ser de todos”

In Contextualización, Entrevistas, Número 4 on 16 abril, 2011 at 16:56

Amelia Rodríguez junto a sus alumnos

Entrevista a Amelia Rodríguez, maestra de primaria y una de las fundadoras de Aire Libre

RAFAEL ORTÍN, MAITE MAESTRE/ Elche– Amelia Rodríguez nació hace 62 años en Catral, una pequeña población situada al sur de la provincia de Alicante. Con tan sólo 18 años, se trasladó a la capital de la provincia para realizar sus estudios superiores en la antigua Escuela de Magisterio. Unos años de ejercicio fueron suficiente para que Amelia, inquieta y entregada a su labor como docente, decidiera junto con un grupo de amigos preocupados por la deficitaria educación alicantina, poner en marcha una pequeña escuela infantil a la que, ilusionados, llamarían Aire Libre. Atraídos por el movimiento de renovación pedagógico de principios de los años 70 y por el modelo educativo de Rosa Sensat (Cataluña), idearon una escuela solidaria, alejada de la rigidez de la educación pública del momento. Tras cinco años de intenso trabajo en el centro, encaminó su carrera a la educación pública donde ejerció durante el resto de su trayectoria profesional. Su experiencia en Aire Libre no fue en vano. Gracias a ésta, su trabajo en las aulas siempre estuvo imbuido de ese espíritu pedagógico renovador que, a pesar del paso de los años, aún conserva.

¿En qué año fundaron la escuela Aire Libre?

No lo recuerdo muy bien pero creo que fue en septiembre de 1971. El primer curso estuvimos en una casa de la Carretera de San Vicente muy cerca de donde ahora está la Universidad de Alicante, al año siguiente,  nos trasladamos a Villafranqueza, a la Finca La Cueva.

En sus inicios, ¿con cuántos cursos contaba la escuela?

Lo cierto es que no había cursos. Los niños estaban repartidos en dos niveles puesto que Aire Libre nació como una escuela infantil. Tan solo éramos dos maestras para atender a todos aquellos menores de entre tres y cinco años. Además de  impartir las clases, también, nos encargábamos del transporte y de atender el comedor. Al principio, Vicenta Ochando y yo,  cubríamos todas las necesidades de la escuela.

¿Era complicada la realidad educativa en esos momentos de cambio?

Debemos tener presente que Franco aún vivía, su régimen político estaba vigente e inevitablemente está situación influía en la educación pública. A esta realidad política debemos añadir la realidad social, ya que, debido al buen clima de Alicante, esta  ciudad era  el destino preferido de muchos maestros a punto de jubilarse. A estos profesores no les podías pedir que lucharan por una renovación pedagógica y mucho menos que cambiaran su sistema didáctico. Los más jóvenes veíamos Alicante como el IMSERSO de los maestros (risas). Este contexto educativo repercutió negativamente en una generación, pero se pudo conseguir un cambio profundo gracias al convencimiento de que el modelo de escuela necesitaba una  profunda transformación.

¿Podría explicar a nuestros lectores en qué consistía ese movimiento de renovación?

Partíamos de la concepción de que la escuela debía dejar de ser pasiva para convertirse en una escuela activa en la que el niño es partícipe de todo su proceso educativo a través de la experimentación. El profesor se convierte en un guía que trata, ayudándose de distintos materiales didácticos, de motivar al alumno y otorgarle un papel activo en su aprendizaje. Esto es lo que se quisimos plasmar en Aire Libre, dejando a un lado el concepto rígido de educación que había imperado hasta entonces,  construimos una escuela en la que educábamos por medio de la experimentación y el juego. Para lograr esta transformación, tuvimos que trabajar por un cambio de mentalidad  de toda la comunidad educativa y no sólo me refiero a los maestros, sino también a los padres. Todo ello, por supuesto, en beneficio del niño.

¿Cuál fue la propuesta educativa de la escuela Aire Libre?

En aquellos momentos, todos los colegios privados de Alicante eran religiosos. Nosotros propusimos una alternativa a estos centros escolares basados en sistemas de enseñanza muy rígidos y con métodos muy clásicos. Como ya he dicho antes, nosotros procedíamos del movimiento pedagógico de renovación de la escuela en el que el niño aprendía jugando. Un grupo de padres y maestros convencidos de la necesidad de una renovación escolar y, al tiempo, desencantados por la deficiente oferta educativa de Alicante, fundamos la escuela Aire Libre para proporcionar una educación sin métodos encorsetados. Todos juntos colaboramos en poner en marcha el proyecto. Los padres se implicaron intensamente, pintaron las paredes, buscaron subvenciones para promocionar la escuela y darla a conocer, elaboraron presupuestos para conseguir un transporte más económico, etc. La escuela quería ser pionera en lanzar un tipo de educación diferente a la que se estaba impartiendo en la ciudad de Alicante.

¿Qué materiales pedagógicos empleaban entonces?

Como no existía gran variedad de material didáctico y lo poco que había era muy caro,  teníamos que hacerlo nosotras mismas con la ayuda de los padres. En ocasiones lo traíamos de Inglaterra porque era más barato incluso pagando los portes. También disponíamos de cuadernillos para diversas actividades como, por ejemplo, el dibujo. Fabricamos las letras del abecedario con madera para que aprendieran la orientación de cada una de ellas, e incluso recibimos la ayuda de una fábrica de cartones que nos fabricó separadores para guardar unas letras de plástico. Gracias a todos estos materiales los niños componían, manipulaban, construían, en definitiva, a través de la experiencia que les proporcionaban estas herramientas, maduraban sus capacidades. Aquellos niños eran aún muy pequeños para aprender a leer. Ahora, gracias a las nuevas tecnologías, los materiales didácticos están al alcance de un clic. Recuerdo cuando antes me pasaba horas y horas copiando el mismo dibujo para cada uno de mis niños.

¿Cuáles fueron los principios fundacionales de la escuela?

Creíamos que la escuela estaba viva y que debía  ser de todos. Tratamos de que todo aquel que comulgara con nuestra idea educativa pudiera acceder libremente, sin ningún tipo de restricción económica. Los padres que tuvieran un mejor nivel económico deberían pagar un poquito más para permitir que  niños con pocas posibilidades económicas pudiesen inscribirse en el centro. Con el tiempo me di cuenta que el objetivo con el que se fundó la escuela era muy utópico y poco viable económicamente. Esto hizo que esa intención solidaria con la que iniciamos nuestra andadura se fuera olvidando.

¿Aire Libre ha sido siempre una escuela laica?

Aire libre era una escuela preescolar pero sin la intención de inculcar ningún tipo de ideología. De hecho, los que constituíamos Aire Libre estábamos en contra de que a los centros religiosos sólo pudieran acceder la gente de alto nivel económico, por lo que  nuestra intención era provocar un cambio y proporcionar a la ciudad de Alicante una escuela de calidad no adscrita a ningún tipo de credo religioso. A pesar de todo, nosotros éramos cristianos.  Siempre he tratado de apartar la ideología de la escuela pues creo que no mostrarse partidario de ningún tipo de ideología en un centro educativo permite que la unión se mantenga. Para mí, es más importante inculcar la afectividad, creo en la enseñanza próxima, en el contacto, en la cercanía con el niño.

Usted ha trabajado tanto en la escuela pública como en la privada. En su opinión, ¿cuáles  son las diferencias más destacables entre un centro como Aire Libre y uno público?

En Aire Libre comencé a trabajar con el apoyo de los padres mientras que en la escuela pública me tuve que ganar su confianza. Un aspecto que puede ser esclarecedor es el referente al método que aplicaba para la enseñanza de la lectoescritura. Cuando llegué a la educación pública, para este fin, se aplicaba el sistema onomatopéyico. Romper ese sistema con otra técnica  más novedosa como lo era por aquel entonces el método global, produjo un poco de confusión. En primer lugar tuve que convencer a mis compañeros, y en segundo lugar a los padres, de que el nuevo sistema de aprendizaje lectoescritor podía ser más lento al principio pero a la larga,  más eficaz.

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